«Yo trato a Platero cual si fuese un niño. Si el camino se torna fragoso y le peso un poco, me bajo para aliviarlo. Lo beso, lo engaño, lo hago rabiar. Él comprende bien lo que quiero, y no me guarda rencor. Es tan igual a mi, que he llegado a creer que sueña mis propios sueños».
¿CÓMO LLEGÓ «PLATERO Y YO» A MIS MANOS?
si era diciembre, u otro mes (qué raro que me


